Esta historia hay que contarla bien, porque no empezó ayer ni se reduce al enésimo escándalo de colas imposibles: en 2010, el Departamento de Justicia de Estados Unidos permitió la fusión entre Ticketmaster y Live Nation, pero lo hizo imponiendo condiciones muy concretas: licencias de software, desinversiones y cláusulas anti-represalia para evitar que la nueva entidad aplastase a cualquier competidor.
Diez años después, en 2020, el propio DOJ admitió que Live Nation había incumplido todos los compromisos esenciales de aquel acuerdo… y extendió el decreto de consentimiento otros cinco años y medio. El problema, por tanto, no es que nadie viera venir el monstruo, sino que se le dejó crecer dos veces al margen de toda regla. En mayo de 2024, el DOJ y una amplia coalición de ...